Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)

Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)

escrito por Raúl Calvo
(Cine, 7/Ene/15)


El director Alejandro González Iñárritu había pasado de dirigir intensos dramas a estrenar pretenciosos melodramas que eran básicamente culebrones para intelectuales. Pero la degeneración de este director se ha visto momentáneamente frenada con la genial comedia negra Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorante), 2014).

Riggan Thomas (estupendo Michael Keaton) es un actor en decadencia que pretende regresar a la actualidad estrenando una seria obra de teatro en Broadway, después de que su imagen se viera asociada durante décadas con la de Birdman, el superhéroe que encarnó en la gran pantalla. La película sigue los días previos al estreno de la obra y lo que sucede cuando esta llega al público. El espectador se convierte entonces en testigo de las tensiones tras las bambalinas, provocadas principalmente por el egomaníaco Mike (Edward Norton), los problemas sentimentales entre los actores y la tensa relación entre Riggan y su hija Sam (Emma Stone). Además de comprobar que Riggan se acerca peligrosamente a lo que Terry Gilliam llamaba ser mentalmente divergente.

Birdman (fotograma de la película)

Con este planteamiento, el director aprovecha para crear una obra que comenta, se burla y critica varios aspectos de la cultura contemporánea. Se le perdona los toques algo esnobs que tiene en ocasiones, ya que nadie está a salvo de los dardos que lanza la película: desde los megablockbusters de Hollywood a los pedantes críticos que desprecian todo lo que sea comercial. Estos toques de sátira son el telón de fondo de los conflictos emocionales que tienen los personajes entre sí o con ellos mismos.

En este aspecto más dramático, que recuerda otros filmes que se basan en lo que sucede entre bambalinas en el teatro como En lo más crudo del invierno (In the Bleak Midwinter, Kenneth Branagh, 1995) o ¡Qué ruina de función! (Noises Off…, Peter Bogdanovich, 1992), es donde realmente brilla el reparto. Aunque todos hacen un trabajo fantástico, destaca Keaton como Riggan. Keaton es una elección brillante en más de un sentido, no solo porque fuera Batman en las sobrevaloradas películas de Tim Burton sobre el personaje, sino porque hasta entonces había sido conocido solo como actor de comedia y se enfrentó a muchas críticas cuando se supo que había sido elegido para encarnar al protector de Gotham City. Pero entonces Keaton demostró que también sabía hacer drama y esta habilidad para navegar entre ambos géneros hace que sea el actor perfecto para dar vida a Riggan, un personaje al límite que baila entre la cordura y la locura.

Pero el resto del reparto no se queda atrás. Entre los secundarios destaca un autoparódico Edward Norton, cuyo odioso Mike es uno de los personajes que más carcajadas arranca. Naomi Watts está tan correcta como siempre, mostrando una vis cómica que no puede enseñar a menudo, y Andrea Riseborough es Laura, la otra actriz de la obra y con la que Riggan mantiene un idilio. Los personajes que interpretan Emma Stone y Zach Galifianakis son menos extravagantes y llaman menos la atención, pero no por ello el mérito de sus interpretaciones es menor.

Michael Keaton y Edward Norton en Birdman

Técnicamente hablando, Birdman destaca porque está filmada como si todo el film fuera un largo plano-secuencia sin interrupción. Por supuesto, todo el mundo está familiarizado con el primer experimento de este tipo: La soga (Rope, 1948) de Alfred Hitchcock. Aprovechando que se trataba de adaptar una obra de teatro, el maestro del suspense intentó crear una película que se filmase de forma seguida sin editar (aunque tal vez Iñárritu tuviera en mente el tercer episodio de la sexta temporada de Expediente X [The X Files, Chris Carter, 1993-2002], que también se hizo como si fuera todo un único plano-secuencia, quién sabe]. Las limitaciones de duración de celuloide significaron que Hitchcock tenía que esconder los cortes, pasando la cámara tras la espalda de un actor, por ejemplo. Iñárritu también lo hace, además de esconder cortes entre sombras o enfocando al cielo. Pero los avances técnicos en efectos visuales logran que, en esta ocasión, el efecto sea mucho más convincente, haciendo realidad la ilusión de ver lo que cuenta la película como si sucediera de forma fluida y sin interrupción. Además, estos avances tecnológicos permiten también borrar a posteriori la imagen reflejada de la cámara, logrando así llamativos planos frente a un espejo donde hablan dos personajes y no vemos la cámara aunque por su posición sí debería verse, como ya hiciera antes Edgar Wright en la genial Bienvenidos al fin del mundo (The World’s End, 2013).

Sin entrar en detalles, ni “spoilear” nada, me gustaría comentar brevemente el final de la película. Es un final que está ideado para crear debate. Para mí, lo que sucede está bien claro, pero es solo mi interpretación porque es un final que está pensado para ser discutido y que cada cual aporte su interpretación. No estoy seguro de si esta ambigüedad es beneficiosa o no para la película, pero seguramente creará dos corrientes de pensamiento.

Si todavía seguís leyendo esto, no me queda nada más que recomendar encarecidamente esta película. Birdman me hizo reír y pensar y rayar el orgasmo con la calidad del trabajo de sus actores, así que os sugiero pasar por la misma fantástica experiencia.

© Imágenes: 20th Century Fox
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