Saga: Scream (1-4)

Saga: Scream (1-4)

escrito por Jacint Casademont
(Cine, 19/Mar/15)


Todo empezó con Psicosis (1960). El film de Alfred Hitchcock fue revolucionario en muchos sentidos, demasiados para detallarlos todos aquí sin saturar el servidor, pero entre ellos efectuó la puñalada letal al cine de terror conocido hasta el momento. El mal tomaba forma humana en un entorno próximo y real convirtiendo en caducos los monstruos imperantes hasta el momento en el género. Los vampiros y los hombres lobo viviendo en castillos de siglos pasados eran cosa de los abuelos; ahora el vecino de al lado en un momento de locura y armado con un cuchillo era aterradoramente cercano y real.

Cómo toda revolución tardó en asentarse el concepto. Fue a finales de la siguiente década cuándo un trío de ases ratificó la tendencia:  La noche de los Muertos vivientes (1968) de George A. Romero, La matanza de Texas (1974) de Tobe Hooper y La noche de Halloween (1978) de John Carpenter, la cuál fue el pistoletazo de salida a una nueva moda, el slasher.

“El cine slasher o simplemente slasher es un subgénero del cine de terror y el cine de explotación. Su principal característica es la presencia de un psicópata que asesina brutalmente a adolescentes y jóvenes que se encuentran fuera de la supervisión de algún adulto. La mayoría de las veces las víctimas están envueltas en sexo prematuro o consumo de drogas.” Fuente: Wikipedia

La película que relataba la matanza perpetrada por Michael Myers descubrió a los avispados productores de Hollywood que se podían realizar films de bajo presupuesto con una alta rentabilidad en taquilla. Actores jóvenes y de caché bajo, mucha sangre, pocos escenarios y simpleza argumental; tan simple y tan eficiente a la vez. El esquema fue copiado hasta la extenuación durante los ochenta, campando a sus anchas sagas de asesinos enmascarados que convertían el arte del asesinato en un deleite para el público teenager. Con la aparición del mercado del vídeo doméstico no hizo más que aumentar aún más la fiebre imperando sagas interminables, de las cuáles podemos destacar la protagonizada por Jason Voorhees; iniciada con Viernes 13 (1980) y  que prosigue hasta nuestros días con más de una decena de secuelas a sus espaldas.

En toda explotación llega un momento de saturación. Una década después quedó patente. La formula se había estancado y degenerado, llegando a convertirse en una parodia de lo que eran. Los enmascarados asesinos, a cada nueva entrega, iban perdiendo su presencia terrorífica para convertirse en simpáticos iconos pop. Jason viajó al espacio y futuro en la descacharrante Jason X (2001), Freddy Krueger se convirtió en un oneliner digno competidor de cualquier stand up comedy del momento y Michael Myers tenía que tirar de árbol genealógico para encontrar nuevas víctimas a las que destripar.

Habían llegado los noventa y hacía falta una revolución.

Saga Scream

Por aquella época un par de hermanos estaban en boca de todos. Los Weinstein revolucionaron el panorama de Hollywood a base de cheques e inteligencia. Con su recién fundada productora Miramax se hicieron con los derechos de distribución de los filmes independientes salidos del Festival de Sundance convirtiéndolos en auténticos taquillazos y arrasando en las ceremonias de los Óscars. Ellos fueron los responsables de que películas pequeñas cómo Shakespeare enamorado (1998) o El paciente inglés (1996) acumularan estatuillas y críticas positivas, a la vez que descubrían nuevos talentos, ahora ya consagrados, tales como Quentin Tarantino o Kevin Smith. Con el dinero entrando a espuertas Bob, el menor de los dos, decidió invertir en una subdivisión de la empresa encargada de realizar filmes de uno de sus géneros preferidos: el terror. La primera piedra, original, para esa nueva aventura sería la realización de un guión llamado Scary movie, de un desconocido guionista.

Kevin Williamson a principios de los noventa era uno de los muchos aspirantes a guionista que llenan las calles de Hollywood. Aunque su primer guión, Secuestrando a la Señorita Tingle, había tenido una gran recepción en la industria no acababa de entrar en producción nunca. Desesperado, y sin un centavo en el bolsillo, el escritor se ganaba la vida a base de trabajillos. Uno de ellos era el de vigilar la casa de un amigo, ya metido en la industria cinematográfica. En una de esas noches de ronda, plantado delante del televisor, descubrió la historia de un asesino en serie que se dedicaba a matar universitarias. El caso le recordó inmediatamente al clásico de John Carpenter. Su cerebro hizo click, aquello que había disfrutado tiempo ha en la pantalla podía suceder en el mundo real. Allí había una historia, y él la contaría. Un largo tecleo después entregó su texto titulado Scary Movie a un agente para que lo moviera por las productoras. Inesperadamente la puja entre las majors fue descarnada subiendo el precio sobre los derechos de explotación hasta cifras astronómicas. Quién acabó llevándose el gato al agua fue Bob Weinstein con su recién fundada productora Dimension. Con el trato hecho era momento de encontrar a un director que pudiera sacarle todo el jugo a la historia.

Wes Craven es un tipo peculiar. Licenciado en Inglés y Psicología, y ejerciendo de profesor universitario, entró en la industria cinematográfica casi por casualidad, realizando sus primeras obras con la ayuda de sus alumnos. Sus dos primeros films, La última casa a la izquierda (1972) y Las colinas tiene ojos (1977), se convirtieron en piezas de culto debido a su crudeza formal y sucia imagen, debido más a su falta de presupuesto que a su aspiración artística. Tiempo después, cuándo su carrera ya decaía, volvió a llamar la atención de todos gracias a Pesadilla en Elm Street (1984) dónde un asesino de cara desfiguraba y cuchillas en los dedos perseguía a sus víctimas en el mundo de los sueños. Después de explotar hasta la extenuación la figura de Freddy Krueger volvió a encadenar fracasos sin saber muy bien qué hacer con su carrera. Estaba harto del género de terror y quería hacer un cine más personal, e intelectual, pero nadie le daba la oportunidad. En ese momento de desespero vital le llegó la propuesta de dirigir el guión de Williamson que rechazó sin dudarlo.

Mientras, la industria seguía fascinada con la propuesta del desconocido guionista. Con Bob Weinstein llamando a la puerta de todos los directores conocidos del género, entre ellos Sam Raimi, una actriz de cierto renombre se ofrecía a protagonizar la película: Drew Barrymore. Aquello daba un salto cualitativo a la propuesta (la audiencia potencial aumentaba sustancialmente al contar con un rostro conocido protagonizándola) y sirvió para convencer a Wes Craven que podía servirle para ganar puntos en su maltrecha carrera actual. Finalmente aceptó sentarse en la silla del director.

Con un guión, un realizador y una estrella protagonista la producción echó a andar. El reparto empezó a tomar cuerpo a base de actores jóvenes salidos de series de televisión (Neve Campbell i Courtney Cox) e intérpretes de prestigio dentro del cine independiente (Rose McGowan y David Arquette). Con el rodaje a punto de iniciarse salió un último, y crucial, contratiempo. La estrella de la función, Barrymore, decidió que no quería interpretar a la protagonista prefiriendo encarnar a la chica asediada de la primera escena. El capricho de la actriz pudo dar al traste con la película pero finalmente, ante el temor de perderla si no le permitían hacerlo, los responsables lo aceptaron pero omitiendo su carácter de personaje secundario a los medios. Los espectadores descubrirían a los pocos minutos que la estrella moría al poco de empezar el film, al estilo de Janeth Leigh en Psicosis.

Con el rodaje y postproducción terminados llegó su estreno en las navidades de 1996. Su estreno se coló entre las diez primeras del box office, toda una sorpresa tratándose de una obra sin demasiadas aspiraciones y de un género tan desprestigiado como era el terror, pero lo que la convirtió en un fenómeno en la industria fue que semana a semana empezó a subir puestos en la taquilla hasta alcanzar la primera posición, cosa impensable por todos sus responsables.

Acababa de empezar una revolución.

Scream. Vigila quién llama

SCREAM. VIGILA QUIÉN LLAMA (1996)

1-Está prohibido practicar el sexo
2-No se puede beber ni tomar drogas, es el factor pecado, extensión de la primera regla
3-No digas “enseguida vuelvo” porque no volverás.

Woodsboro, un apacible pueblo de California. Allí vive Sidney Prescot (Neve Campbell) una adolescente traumatizada por el brutal asesinato de su madre. La pesadilla parece repetirse cuándo un asesino se dedica a acabar con la vida de la gente de su alrededor. Hasta allí se desplaza Gale Weathers (Courtney Cox) una reportera con ansias de carnaza quién junto a Deputy Dewey (David Arquette), el ayudante del sheriff, intentarán esclarecer quién es el responsable de tal masacre.

Una base argumental así de simple sirvió a Kevin Williamson para rellenarla de originalidad.

Lo primero que llama la atención es que los protagonistas parecen vivir en un mundo real, donde los adolescentes consumen cine de terror. Esta característica se había obviado hasta el momento en el cine de género. A pesar de estar viviendo situaciones cliché los personajes sufrían la experiencia de forma virginal, sin tener referencias de lo que estaba sucediendo. El cine de terror no existía en su mundo, cosa que aquí se invierte, ya que los adolescentes son consumidores de este tipo de películas (incluso hacen referencias directas a algunos títulos emblemáticos) y además disfrutan pensando que ahora ellos son los protagonistas, recitando las reglas implícitas aprendidas e intentando no cometer los mismos errores que sus predecesores ficticios. Tan simple, tan revolucionario.

El segundo hecho que llama la atención son las variantes que sufre el género slasher. Estas cintas se caracterizaban por acumular muertes, una detrás de otra, a manos de un asesino de facultades cuasi sobrenaturales. Los asesinos enmascarados eran imparables; por mucho que les dispararan, quemaran o lanzaran por un precipicio seguían “vivitos y coleando” con el único objetivo de seguir aniquilando chiquillos. Aquí el asesino es un personaje de carne y hueso que se resbala, falla en sus estacadas y que finalmente muere a manos de los supervivientes. Además Williamson aprovecha para imitar los giallos y convertir en una parte esencial de la trama intentar descubrir la identidad del enmascarado y, de paso, sus motivaciones.

Otra ocurrencia a destacar es la presencia de los medios de comunicación. Al contrario que sus películas predecesoras una masacre de tal calibre atrae la atención de los periodistas que se frotan las manos pensando en el éxito que puede tener la cobertura de tal suceso. Gale Weathers es un retrato paródico de las estrellas catódicas del morbo que pueblan los canales televisivos de todo el mundo. Gale vive en permanente búsqueda de la noticia que le consiga popularidad y no duda en pisar a cualquiera que se interponga en su camino. Los cadáveres pasan a ser simples escalones hacia la popularidad, siendo el drama de la muerte un simple, y eficaz, marco para tal objetivo.

La guinda final al pastel fue la identidad del asesino. Hasta el momento los más interesante de la parte final de estos films era descubrir quién era el superviviente de la historia y cómo acababa, supuestamente, con la vida del serial killer. Sigue siendo vigente en Scream. Vigila quién llama pero el guionista no se conforma y aporta una nueva novedad al asunto. Aquí no tenemos a un responsable, tenemos a dos que se turnan y se complementan en sus cometidos para concretar su objetivo, dotando de una explicación lógica la omnipresencia del asesino durante todo el metraje. Esa ocurrencia rompió las teorías a todos los espectadores ya que estaban basadas en experiencias previas con el género.

La escena: el inicio protagonizado por Drew Barrymore. Con suficiente fuerza como para convertirse en un cortometraje con entidad propia. Resume toda la esencia de la saga en unos pocos minutos
Lo mejor: la atmósfera y diálogos “realistas” de sus protagonistas.
Lo peor: el final se alarga demasiado.
Nota: 5 sobre 5

Scream 2

SCREAM 2 (1997)

1- Todo el mundo es sospechoso
2- El asesino puede ser una mujer ya que casi siempre son hombres blancos

Dos años después de los hechos acontecidos Sidney intenta vivir en el anonimato en su primer año de universidad. No le será fácil ya que Hollywood ha llevado a la gran pantalla la novela escrita por Gale Weathers sobre los asesinatos de Woodsboro convirtiéndola en un slasher film. El estreno de esta película es el pistoletazo de salida para un asesino que intentará llevar hasta el final el objetivo del asesino de la anterior entrega.

Hacer una secuela de un film autoconsciente era un arduo trabajo. Williamson aceptó el reto y en un tiempo récord consiguió estirar la propuesta sin perder un ápice de originalidad. El escritor apostó por aumentar la apuesta intentando plasmar “realísticamente” cómo podría continuar la historia.

En esta ocasión toma vital protagonismo lo sucedido en la anterior entrega y cómo afecto en ese universo ficticio. La matanza en Woosdboro ha conseguido captar la atención de medio mundo e inclusive a dado pie a una película que adapta lo que vimos anteriormente. La primera escena del film se centra en el estreno de la cinta y cómo una audiencia enloquecida se divierte con las muertes en pantalla, tal como lo hicieron los espectadores del mundo real con el film original. Pronto la diversión se torna macabra con la primera muerte de uno de los asistentes en la sala. Un toque de atención a la audiencia por parte del guionista: esto podría ocurriros a vosotros.

Uno de los factores claves de la saga ha sido la permanencia de su trío protagonista. En pocas series de películas del género slasher los actores repiten en las secuelas, bien sea por la muerte de su personaje o por tener mejores planes para su carrera. Aquí no sólo Neve, Courtney y David repiten sus roles, además parecen disfrutar con ello al tener la posibilidad de darles cierta profundidad. Todos ellos avanzan: Sidney asume su aurea trágica convirtiéndola en una persona recelosa, Dewey ha adoptado el rol de hermano mayor de la joven y luce secuelas físicas y Gale sigue igual de hija de puta pero asumiendo que también tiene sus sentimientos. Ninguno de ellos cambia radicalmente pero adquieren matices que aportan sensación de “realismo”.

Un punto que se insinúa pero que no acaba de explotarse es el fenómeno de las secuelas en la industria de Hollywood. Aunque desde los inicios del cine siempre han existido no fue hasta los ochenta en que se convirtió en un habito alargar, simplemente por fines monetarios, con nuevas entregas los films de éxito. Aquí un grupo de alumnos debate si una continuación puede superar a la original y a pesar que parece claro que no encuentran un par de excepciones: El padrino. Parte II (1974), El imperio contraataca (1980) y Termintor 2: El juicio final (1981). La escena no tendría más relevancia que una simple charada si no fuera por estar ubicada en una segunda parte. Lástima que no se dé más vueltas al concepto, a parte del momento en que se citan las reglas, y se opte por intentar dar profundidad cultural con la obra de teatro en la que Sidney interpreta a un personaje de trágico destino. Un aporte poco sutil y que choca con el resto de la película de tono más distendido.

El punto y final viene otra vez de la mano con el descubrimiento del asesino, dónde para sorpresa de todos se repite la jugada siendo dos los responsables de la nueva carnicería. Lástima que la justificación no impacte tanto y parezca un final random de los muchos que debían tener preparados para despistar a la audiencia, ya que poco antes del inicio del rodaje se filtró el guión.

La escena: la persecución a la que se ven sometidos Gale y Dewey en la facultad de cine.
Lo mejor: expandir el universo siguiendo las andanzas del trío protagonista con los pies en suelo.
Lo peor: se presentan muchas ideas y personajes interesantes que no acaban de desarrollarse, por el contrario hay momentos superfluos que no aportan en demasía y entorpecen el tempo.
Nota: 4’5/5

Scream 3

SCREAM 3 (2000)

1- Surge una historia del pasado que eclipsará la historia actual, las verdaderas trilogías acaban volviendo al principio y descubren algo que no era cierto
2- El asesino es sobre humano, ya no sirve pegarle un tiro o apuñalarlo, hay que ir más allá (cortarle la cabeza, hacerle estallar en pedazos…)
3- Cualquiera puede morir, incluida Sidney
4- Cualquier pecado cometido en el pasado estallará en el presente

El rodaje de “Stab 3” se ve interrumpido cuándo empiezan a producirse muertes dentro del equipo de producción. Hasta allí se presenta Gale Weathers que junto a la ayuda de su ex-pareja, Dewey, intentará descubrir quién es el responsable de los asesinatos. Mientras tanto Sidney, vive aislada en una solitaria casa intentando olvidar lo acontecido, pero una visita fantasmal le empujará a volverse a enfrentar a Ghostface.

La realización de esta tercera parte casi se daba por imposible a pesar de que casi todo su equipo había firmado para filmar dos secuelas. Pero cómo es lógico todos los implicados querían intentar explotar la fama conseguida sin tener que estancarse en esta saga, pero poderoso caballero es don dinero y finalmente todos se subieron al carro otra vez. Ya con la luz verde del estudio fue su guionista, Kevin Williamson quién se bajó, en plena vorágine laboral, no sin antes dejar unos apuntes de por dónde tenían que ir los tiros a su sucesor Ehren Kruger; que hasta el momento su única aportación destacable había sido el thriller Arlington Road (1999).

Aunque el cambio pueda parecer menor la cinta se resiente. Los asesinatos pierden en efectividad, las relaciones entre los personajes quedan estancadas y los diálogos pierden en intensidad y chispa.

Lo que realmente sí funciona, aunque tampoco se acaba de explotar, es el metalenguaje. Cine dentro del cine es un subgénero por sí mismo dentro del séptimo arte. Hasta el mismo Wes Craven ya jugó esa carta con la última entrega de la saga clásica de Pesadilla en Elm Street titulada La nueva pesadilla de Wes Craven (1994), dónde el director se interpretaba a sí mismo. Algunos apuntes interesantes es descubrir que los actores de la primera entrega de “Stab” han abandonado sus papeles a favor de jóvenes (y más baratas) promesas, cómo el productor quiere seguir adelante con el rodaje sabiendo de la expectación creada por los asesinatos que rodean al film y el oscuro mundo de las aspirantes a estrella que son explotadas en todos los sentidos por los magnates de la industria.

A pesar del buen sabor de boca que deja ver de nuevo en pantalla al trío protagonista encarnando sus ya icónicos personajes el resto de ingredientes no cuajan. Los nuevos secundarios no acaban de enfatizar con la audiencia, que todo el progreso de la trama recaiga en la pareja Gale-Dewey, dejando bastante de lado a Sidney, le quita tensión implícita al argumento y el final, muy deslucido, acaba pasando factura al metraje.

Aunque funcionó bien en taquilla la aparición de la primera entrega de la comedia Scary Movie (2000) dejó claro que la audiencia empezaba a tomarse a cachondeo el renacido slasher.

La escena: todas las protagonizadas por Gale con la actriz que la interpreta, enfrentando la periodista a nuestra opinión sobre su personaje.
Lo mejor: la fidelidad de la saga a sí misma, sin estancarse evitando convertirse en una entrega más y llegando hasta las últimas consecuencias de lo planteado anteriormente.
Lo peor: la garra, en general, de Kevin Williamson.
Nota: 4/5

Scream 4

SCREAM 4 (2011)

1-Lo inesperado es el nuevo cliché
2-Las vírgenes ya pueden morir
3-En esta versión 2.0 el asesino usa la cámara para grabar los asesinatos
4-Sidney puede ser prescindible

Sindey Prescott ha decidido plantar cara a su fatídico pasado sacando un libro con sus memorias a la venta. La primera presentación se hará en Woodsboro, su pueblo natal, y lugar dónde comenzó la pesadilla, que renacerá de nuevo con nuevos asesinatos a manos de Ghostface. El ahora sheriff Dewey y su esposa Gale, intentando dar el salto a la ficción, se unirán a su antigua amiga para protegerla y desenmascarar al asesino.

Once años tardamos en disfrutar de una nueva entrega de la franquicia. Y la espera mereció la pena. No hay nada mejor para una saga que volver a sus inicios. Kevin Williamson lo tenía claro y decidió apostar por ello a pies juntillas. Aunque lo que muchos hubieran deseado hubiera sido un remake o reboot aquí se apuesta por enfrentar a la vieja escuela con nueva sangre. Volvemos a Woodsboro para observar cómo los trágicos sucesos han ido perdiendo truculencia para convertirse en una simple excusa para que los jóvenes se lo pasen bien a base de películas de terror, fiestas ilegales y vandalismos varios. El trío protagonista descubre que se han convertido en simples iconos pop; no son héroes supervivientes, ahora son chistes andantes.

La nueva tecnología también se hace notar: las muertes pueden ser seguidas en vivo por streaming, espantar al prójimo es tan fácil como descargarse una app que distorsione la voz y los chismorreos corren más rápidos que nunca gracias a los smatphones. Incluso los adolescentes han cambiado, se saben más listos que sus antecesores, aunque acaben cayendo en los mismos fatales errores, pero lo hacen con un aire de superioridad moral envidiable.

Williamson deja patente que sabe lo que se hace; su propuesta de 1996 ahora está caducada, el público ha cambiado. Su pequeño guión se ha quedado cómo un clásico en el imaginario popular, el componente sorpresa que contenía se esfumó. Ahora la audiencia tiene una cultura cinematográfica casi inexistente anteriormente, ya sea por hobby o por la facilidad que tienen al acceder a todo un mundo de información a un solo click. El guionista no sólo intenta reflejarlo con hechos el paso de tiempo transcurrido, también tiene la suficiente oreja para plasmar en los diálogos de los jóvenes personaje ese cambio. La escena inicial es un buen reflejo: teenagers que no se asustan fácilmente pero que acaban muertos, para regocijo de los espectadores, aunque acabamos descubriendo que estos también están dentro de un film. Secuelas de secuelas dónde la acumulación y los giros de guión imposibles son la única manera de atrapar al espectador.

La escena final es una buena guinda a la saga (hasta ahora) con la nueva generación intentando imitar y usurpar el trono al trío protagonista, pero estrellándose en el intento. Esto es cine, no hay ley de vida que sirva.

La escena: el inicio, dónde se suceden escenas de película dentro de otra película y las teorías que manejan sus personajes.
Lo mejor: volver al escenario inicial y descubrir cómo ha cambiado todo, para seguir igual.
Lo peor: que los nuevos personajes no tengan más pista para desarrollarse al haber una saturación de caracteres.
Nota: 4’5/5

Scream TV Series

Y AHORA…

Los rumores de una quinta y sexta entrega nunca para de planear en el aire, pero cada vez se hace más difícil creer que todo el equipo decida juntarse de nuevo para tales menesteres. Las esperanza de los seguidores tienen un puerto más seguro dónde anclarse, que no es otro que la serie que se estrenará este julio en MTV. La producción corre a cargo del mismo equipo que la saga, los Weinstein y Craven, pero sin Kevin Williamson en la ecuación. De momento ya se ha filmado el piloto, que ha servido a la cadena para darle luz verde a una tanda de nueve episodios más que empezarán a rodarse en abril. De este primer capítulo sabemos que ha sido escrito por Jay Beattie y Dan Dworkin (Revenge y Mentes Criminales) y dirigida por Jamie Travis. Las primeras críticas apuntan a que se trata de un reboot que se desarrolla en la actualidad y que saca provecho de las nuevas tecnologías, como ya vimos en la cuarta entrega. Además, mencionar que se ha filtrado parte del guión y que contiene perlas cómo esta.

«No se puede hacer una serie basada en una película slasher. El slasher tiene que ser rápido y potente, la televisión hace estirar más las cosas.»

EL LEGADO

Con este repaso a la saga no intento engañar a nadie. No considero que la franquicia Scream sea vital para entender el género ni mucho menos un clásico absoluto del séptimo arte, pero sí marcó una época muy concreta, y aún hoy algunas producciones actuales beben de algunos de sus logros. Su aparición en 1996 fue una bonita combinación de casualidades que acabó cristalizando en una obra diferente de lo visto hasta el momento. Un reparto competente, una desenvuelta realización y, por encima de todo, un excelente guión (para servidor uno de los cinco mejores de los 90’s) dieron esperanza a los aficionados de un género que parecía extinguirse en los círculos más populares. Quizás que su tono distendido y sin voluntad de trascendencia fuera una de sus mayores virtudes, que a algunos les servirá de excusa para criticarla, ¿pero no es en el fondo el cine de terror una excusa para divertirse? Pues aquí nos sirven 458 minutos de entretenimiento de calidad.

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