En algún lugar de la estación Ramsés, en El Cairo, con los primeros rayos de Sol súbete al tren dirección a Luxor. Busca en uno de los vagones una puerta con el cristal roto, golpea la puerta dos veces y una voz balbuceante te ordenará que entres. Abre la puerta.

Al entrar, tendrás frío. Descubrirás un vagón de doble altura de madera de acacia barnizada y un techo de cristal. La puerta se cerrará de golpe. El vagón estará inundado con un palmo de agua y, en medio, encontrarás un cuerpo inerte medio erguido. Hazle una reverencia en señal de respeto. Al bajar el escalón y meter los pies en el agua helada oirás otra vez la voz, pero no procederá del cuerpo, si no de su reflejo en el agua. Te preguntará, casi entre susurros, sobre cuál de los reflejos que hay en el vagón es el único verdadero. Piensa bien tu respuesta, pues sólo tienes un intento y tendrás que poner tu mano sobre su superficie para demostrarlo. En ese instante el cuerpo se hundirá por completo en el agua, congelándola en el proceso. Si fallas, tu propio reflejo te absorberá y quedarás atrapado, ensartado por cientos de agujas de cristal sin poder escapar. Si aciertas, el suelo de hielo se romperá, habrás de sumergirte justo donde estaba el reflejo e ir hasta el fondo. Al llegar, volverás a aparecer en el mismo vagón atravesando el techo de cristal. En tu mano encontrarás unas gafas. Enhorabuena, eres libre.

Ese es el objeto 25 de 50, La Revelación. Verás las dudas de la gente que te rodea, pero no volverás a verte a ti mismo jamás. ¿Soportarás una vida sin color?

Recuerda, no has de hablar con nadie, no se lo digas a nadie o vomitarás tus propios intestinos por la boca antes de hacerlo.

©Ilustración: Eric Grimoire