Eme, sexo y el muerto

Eme, sexo y el muerto

escrito por Underbrain Staff
(Relatos, 10/May/13)


Allí estaba de nuevo el sonrisitas de la otra noche, un tipo regordete con una sonrisa de oreja a oreja, no era feo, pero no era mi tipo; yo estaba con unos conocidos que trabajaban en un restaurante del Raval, acabábamos de llegar a la discoteca, eran sobre las dos de la madrugada, veníamos de una fiesta de un tipo irlandés en un piso en la calle Nou de la Rambla, estuvimos el tiempo justo de bebernos una copa.

Estos conocidos iban súper puestos, sobre todo de MDMA. El EME es una droga que pone bastante cachondo y sobre todo suele dar muy buen rollo incluso el día después, aunque la verdad es que los bajones siempre son iguales por lo menos para mi me dejan para el arrastre.

Tomamos de todo, y yo iba bastante disparada, el tipo de la sonrisa de oreja a oreja que había intentado entrarme el sábado anterior volvió a atacar, esta vez el EME me tenía totalmente abierta a cualquier sensación placentera y lo veía todo extasiada. Estuvimos un rato en la discoteca. El tipo no vivía en Barcelona y me acompañó hasta el metro, eran sobre las cuatro de la madrugada, yo estaba muy cachonda pero no me encontraba muy bien, había bebido mucho pero sobre todo la mezcla me había dejado K.O. nos enrollamos de camino al metro, nos besamos y nos metimos mano, pero no follamos.

Nos despedimos antes de introducir yo mi T10 en la entrada del metro en Plaça Catalunya, él me abrazó y me besó apasionadamente, yo estaba en una especie de nube, seguía cachonda pero el tipo no me acababa de convencer, así que me despedí de él y quedamos en que me llamaría al día siguiente, cuando entré y fui a subir las escaleras para coger la línea verde hasta Gracia, oí una voz:
—¡que pena tenerte que ir a casa así!
Me giré sin saber si realmente se dirigía a mí, pero sí, así era, delante de mi tenía a un tipo monísimo, delgado, moreno, pelo con rastas recogido en un moño alto, vestido guay,… Lo miré y le dije:
—¿Perdona?
Y él me repitió:
—Que que pena que te tengas que ir a casa así de caliente con lo fácil que sería arreglarlo.
No me lo podía creer, estaba subida en el primer escalón mirándolo directamente a los ojos, se veía un tipo normal, empezamos a hablar y me dijo que era profesor de yoga, él iba dirección Plaza España, me dijo que le acompañase para seguir hablando,… tenía novia, pero a mi me daba igual, tampoco sabía que iba a hacer, simplemente me deje llevar por una buena vibración, nos bajamos en Paral.lel y fuimos dirección al Apolo, nos metimos por una calle y cuando vimos un portal con una furgoneta aparcada delante nos paramos, empezamos a besarnos, él me desabrochó los pantalones y metió su mano entre mis bragas hasta que sus dedos tocaron mi coño, empezó primero suavemente hasta que mi clítoris se puso duro, mientras con la otra mano me tocaba una de mis tetas, pellizcándome el pezón y me besaba suavemente, yo estaba mojada, el EME me estaba subiendo todo de golpe y él no paró hasta que me oyó gemir y decirle al oído:
—¡me corro!
Él paró, sacó su mano… yo me abroché los pantalones y nos dimos la vuelta de nuevo hacia el metro, yo hacia Gràcia y él hacia Plaça Espanya. Me hizo prometer que nos viésemos donde nos viésemos aquello jamás había ocurrido, vivía con su pareja y no quería tener problemas.

—¿Es todo lo que recuerda de anoche? Me preguntó uno de los policías, hacía media hora habían llegado a casa, despertándome casi al poco de haberme acostado.
—Yo creo que recuerdo bastante, se lo he dicho antes, el tipo de la sonrisa de oreja a oreja se dio la vuelta después de despedirnos en la parada del metro de Plaça Catalunya, no lo volví a ver, no sé dónde está —les contesté cansada.
—Los porteros de la discoteca lo vieron salir con usted, anteriormente había llegado con un hombre que ha aparecido muerto cuando han encendido las luces, detrás de la cortina que tapa una acceso a un almacén, nadie se dio cuenta, el cuerpo presentaba varias puñaladas en el costado derecho, pero la última persona con la que lo vieron fue con el tipo de la sonrisa de oreja a oreja como usted le llama y con el que usted se fue.

Yo tenía la cabeza a punto de explotar, estaba apoyada en el marco de la puerta con la pintura de los ojos corrida, en pijama y con una resaca de las gordas, sólo podía pensar en líquidos, la palabra “puñaladas” hasta ahora directamente asociada en mi vocabulario a las traperas, a las que te dan por la espalda se vieron asociadas a sangre, a un muerto, a mi discoteca preferida, encima había tenido que explicar con todo detalle lo que hice después de dejar al tipo de la sonrisa de oreja a oreja para hacer la historia realmente creíble, y no lo surrealista que podría haber parecido, ya que lo más normal y habitual que te puede pasar a las cuatro de la madrugada en el metro, según mi madre, es un tipo te apuñale, o te viole, y no que te masturbe y te deje lista para irte a dormir. Me dieron ganas de vomitar, me llevé una mano al estomago y otra a la boca, los miré y les dije que esperaran un momento, fui volando al lavabo y vomité el último Gintonic y poco más, me lavé los dientes y la cara, volví a la entrada de mi piso, les dije que si querían podían pasar y comprobar que allí no había nadie, que estaba sola, en aquel momento no pensé en ordenes de registro ni nada por el estilo, colaboré simplemente porque tenía ganas de volverme a meter en la cama y olvidarme de todo aquello.

Los policías echaron un vistazo por mi piso y vieron que efectivamente allí no había nadie más, así que se fueron no sin antes avisarme que posiblemente volverían, y que si el tipo intentaba ponerse en contacto conmigo les avisara, uno de ellos, el más simpático me dio su tarjeta.

Nos despedimos y me volví a meter en la cama, antes puse el móvil a cargar y lo encendí, vi que tenía varios WhatsApps, uno era del tipo de la sonrisa de oreja a oreja, me puse blanca de golpe. Le di mi número en un momento de debilidad, normalmente no lo doy, les digo que me busquen en Facebook y así tengo la opción de pasar o no.

¡Buenos días preciosa! 🙂
¿Te apetece que comamos juntos?
Yo me quedé mirando el móvil flipando, no sabía que hacer, aquel tipo no podía haber asesinado a alguien y estar tan tranquilo ¡quería que comiésemos juntos! Me volvieron a dar ganas de ir a vomitar.
Le contesté que ok, ¿a las 15:00h. en el Santa Teresa del Gótico te va bien? 🙂
Y me contestó:
¡Ok, perfecto! Nos vemos allí.

Llamé al policía y se lo expliqué, quedamos en encontrarnos allí. Yo ya no me pude dormir, me duché y me bebí todo el líquido bebible y no tóxico, ni con alcohol que tenía en casa; estaba totalmente deshidratada. Intenté desayunar algo sólido pero no me entraba nada, le mandé un WhatsApps a uno de mis mejores amigos para ver si estaba despierto pero no me contestó, todo el mundo estaba durmiendo, y yo necesitaba explicarle aquella locura a alguien, tuve que aguantar hasta casi las dos que mi amigo se despertó y al ver mis WhatsApps me llamó, no se lo podía creer, estaba flipando igual que yo, mientras estábamos hablando tocaron al timbre, era la policía de nuevo, esta vez traían una foto del tipo de la sonrisa de oreja a oreja y del tipo al que supuestamente había asesinado, lo que realmente me impactó es que reconocí a los dos, al tipo de la sonrisa de oreja a oreja y al muerto.
Les dije que era imposible, que aquel muerto no estaba muerto que estaba vivo, que yo lo había visto, que era el tipo con el que me fui hasta Paral.lel el profesor de yoga, los policías por supuesto no se lo creyeron, yo empecé a sudar y se lo juré por toda mi familia, pero ellos no me creían, aquí pasa algo y tú tienes algo que ver, aseguras conocer a los dos tanto al muerto como al supuesto asesino, y no sólo eso sino que juras que el muerto estaba vivo a las cuatro de la mañana, lo sentimos pero te vendrás a comisaría con nosotros hasta que interroguemos a tu colega el sonrisas.

Les pregunté si podía llamar a mi amigo con el que estaba hablando antes de que llegaran, y me dijeron que sí. Cuando Alberto descolgó el teléfono su voz sonaba preocupada y la mía sonó histérica:
—¡Que me llevan a comisaría Alberto —¡esto es una locura!— yo no tengo nada que ver le dije casi llorando, ¿qué coño está pasando?, me voy a volver loca, les pregunté a los policías a qué comisaría me llevaban para que él pudiese venir, no quería estar sola. Aunque no estuviésemos juntos, necesitaba saber que alguien en quien confiaba estaría allí conmigo.

Cuando llegamos a comisaría, me hicieron esperar en una pequeña oficina, estuve casi dos horas, me ofrecieron café y agua, pero no podía beber nada, además la cafeína me altera, y ya estaba bastante alterada. Cuando ya estaba a punto de subirme por las paredes se abrió la puerta de golpe y entraron los dos policías, habían ido al bar y habían encontrado al tipo de la sonrisa de oreja a oreja sentado en un taburete en la barra esperándome, lo detuvieron y ahora estaba en comisaría, juraba que él no había asesinado a aquel tipo, que ni tan siquiera eran colegas, que lo había conocido en la puerta justo antes de entrar y le había pedido fuego, se fumaron un cigarro juntos en la calle y comentaron sobre el tiempo y poco más.

Uno de los policías se fue y se quedó el otro, era bastante guapetón y parecía buena persona, empezó a hablarme de buen rollo de tú a tú, yo sabía que estaba haciendo de poli bueno, había visto muchas pelis, le conté de nuevo lo mismo; que aquel tipo estaba en el metro, que no podía estar muerto. De golpe entró su compañero, ya tenían la autopsia el tipo había muerto entre la 1:00h. y las 3:00h. de la madrugada, era imposible que a las 4: y algo estuviese con él en un portal, les dije que pidieran las cintas de las cámaras de seguridad del metro, que verían como no les estaba mintiendo, salieron los dos y volvieron a dejarme sola una hora y media, pensé en Alberto, estaría fuera súper preocupado, si por lo menos me dejaran estar con él.

El policía que iba de bueno volvió solo, habían revisado las cámaras y tenía razón, a las 4:28h. de la madrugada se nos veía salir del metro en Paral.lel, y a las 5:16h. se nos veía volviendo a entrar.

Me soltaron sin tener claro qué había ocurrido, y quién era realmente el muerto, jugaban con la posibilidad de que fueran gemelos, o muy parecidos. Me dejaron irme y cuando salí Alberto estaba fuera histérico, el pobre llevaba 4 horas allí esperando sin saber nada de mí.

Cogimos un taxi y nos fuimos hacia la Barceloneta, necesitaba caminar y que me diese el aire, mi estomago empezaba a quejarse, fuimos a comer algo, pero por muchas vueltas que le dimos a la historia todo quedó en un gran misterio.

A las 19:30h. de la tarde le dije que quería irme a casa, necesitaba descansar, no había dormido casi nada y el día no había sido fácil. Nos despedimos en la parada de metro de la Barceloneta, él cogió el metro pero yo no me encontraba con fuerzas se me hacia una montaña llegar hasta casa, paré un taxi, le di la dirección y mientras íbamos de camino mi mirada se quedó perdida tras la ventanilla del taxi, recordé todo lo que había ocurrido tanto la noche anterior como durante el día, recordé su mano acariciando mi clítoris duro, mi orgasmo, pensé que era imposible que aquel tipo y el muerto fueran la misma persona, mientras iba pensando en aquello el taxi paró en un semáforo en rojo, y allí parado a punto de cruzar la calle estaba el tipo de la sonrisa de oreja a oreja y a su lado estaba el tipo, el que era idéntico al muerto, yo me quedé helada bajé el cristal y les grité, ellos no me oyeron, se alejaron andando. No supe qué hacer, me estaba volviendo loca, saqué la tarjeta y llamé al policía y le comenté lo ocurrido, me dijo que efectivamente había dos tipos casi idénticos, no eran hermanos, ni parientes, pero su parecido era bastante considerable, no tenían pruebas de quién había asesinado al tipo de la discoteca, todos teníamos cuartadas.

Me parece muy bien, les contesté, pero te digo que los he visto juntos, el policía me contestó que no podían hacer más de lo que habían hecho, y que el tipo del metro a parte de parecerse al muerto no tenía ninguna implicación aparente en el asesinato.

A mi aquello no me olía bien y decidí actuar, lo llevaban claro si pensaban que me iba a quedar tan tranquila. Le mandé un WhatsApps a Alberto, y luego otro al tipo de la sonrisa de oreja a oreja, quedé con los dos en un bar cerca de mi casa. El tipo de la sonrisa llegó con la sonrisa como si nada, relajadísimo y de buen humor, yo estaba flipando, Alberto estaba sentado unos taburetes cerca de nosotros disimulando, le había pedido que me cubriese, porque tenía una intuición, el tipo de la sonrisa de oreja a oreja al principio no habló, pero poco a poco yo me empecé a poner cariñosa y a invitarle a unos chupitos, al final me ofreció EME, yo le dije que Ok., que me encantaba aquella droga.

ilustración de Fran Fernández

—Me pone muy cachonda —le dije con mi mirada clavada en la suya y acariciándole el muslo por encima de los tejanos, intenté subir un poco la mano pero él me frenó, yo hice que me tomaba el EME, estaba agotada y bastante me estaba aguantando de no vomitar los dos chupitos. Me preguntó que cómo me había ido con el tipo del metro, empezó a hacerme preguntas íntimas, se iba excitando, empezó a sudar cuando yo le contestaba, estaba súper cachondo el EME le estaba subiendo, al final me dijo que tenía un problema, hace unos años había tenido un cáncer en un testículo, y al eliminarlo con láser el médico había tocado un nervio y se había quedado insensible, se podía excitar y sentir pero el pene no se le ponía erecto, así que tenía un pacto con el tipo del metro, para que acabase lo que él no podía acabar, porque él se sentía avergonzado de su pene flácido. Yo me quedé flipando, no me lo podía creer sabía que algo les vinculaba, pero lo último que me hubiese podido imaginar era aquello. El tipo del metro luego se lo explicaba con todos los detalles, a él aquello le excitaba y eso le producía un orgasmo psicológico, no llegaba ni a eyacular. Estaba enganchado a aquella sensación y le pagaba al tipo del metro por entrarle a las tías, el tipo nos había seguido desde la discoteca. Me dieron ganas de vomitar, era el día de la arcada sin final, me levanté y antes de largarme le pregunté por el muerto, me contestó que no tenía ni idea de quién era, ni le contesté me fui y lo dejé allí sentado con su pene flácido, le hice un gesto a Alberto le esperé en la calle y le conté todo; cuando llegué a casa vomité los chupitos en paz, me metí en la cama a soñar y sobre todo a olvidarme de aquella pesadilla de día.

Escrito por: Lily Bobary
© Ilustraciones: Fran Fernández
Ver más de Relatos

Deja un comentario