Entrevistas

Catalina González Vilar y Toni Galmés

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Después del éxito cosechado con «Molly Wind. Bibliotecarias a caballo»: el equipo creativo formado por Catalina González Vilar y Toni Galmés vuelve con «El color de los tulipanes», una historia original que nos lleva a descubrir la mercadería internacional de mediados del siglo XVII de bulbos de tulipanes, publicado por Ediciones Astronave.

Catalina González Vilar y Toni Galmés

Una historia que va más allá al mostrarnos en paralelo la vida de Jetta, una joven ilustradora que sufre un cambio forzoso en su vida, y el de Vandor, un chico mestizo, hijo de comerciantes, viviendo una nueva vida alejada de sus orígenes. Un cómic juvenil que atrapará a lectores de todo tipo.

En un encuentro con los autores en las oficinas de la editorial, ambos nos presentan su obra y, a lo largo de la entrevista, profundizamos sobre la historia de los catálogos ilustrados, sobre la creación de la obra, el color… Al final se incluyen imágenes de la presentación del cómic en la librería Norma Cómics.

¿Cuál es el punto de partida de «El color de los tulipanes»?
Catalina González Vilar: «El color de los tulipanes» es una novela gráfica que trata sobre Jetta, que es una muchacha que vive a principios del siglo XVII, en Holanda. Ella se ha criado en un jardín botánico, sueña con ser ilustradora botánica, algo que es muy difícil para una mujer en aquel momento. Y un robo, una situación trágica, la va a sacar de ese mundo seguro en el que se ha criado y aterrizará en Ámsterdam, que es una ciudad en ebullición fascinante, pero también muy peligrosa, donde compartirá muchas aventuras y una búsqueda de los ladrones acompañada de Vandor, que es el hijo de unos comerciantes, mestizo llegado desde Indonesia, y juntos vivirán muchas aventuras.

¿Qué os inspiró a realizar «El color de los tulipanes» y cuál es el mensaje principal que esperáis transmitir con esta obra?
CGV: La inspiración. El mundo de Holanda, está contextualizado en un momento en el que hay una fiebre por los tulipanes, que se venden; son unos objetos de lujo, hay mucha especulación alrededor. Es una historia muy fascinante, la Holanda del Siglo de Oro; también es un universo con galeones, los ricos con sus mansiones muy lujosas, la gente pobre viviendo muy miserablemente. La ciudad que está creciendo, esa mirada científica que mira el mundo y lo está descubriendo, tiene muchísimos ingredientes interesantes y atrayentes para una aventura y también visualmente muy interesantes para plasmarlos. Toni ha tenido ahí esa posibilidad de desplegar su magia.

La idea principal es la búsqueda de tu propio camino y de cómo llegar a desarrollar tu pasión, aquello para lo que crees tú que estás hecho, aquello que te mueve, porque los dos personajes, tanto Jetta como Vandor, están a la búsqueda de eso, de construir su propia identidad, su propia vida y sobre todo en contacto con ese valor de algo que haces, que amas, que es intangible. Frente a la especulación que hay con los tulipanes, la riqueza, la acumulación de bienes de los comerciantes holandeses en ese momento, pues eso no tiene precio, hacer lo que amas y poder dedicarte a ello, tener esa independencia y esa posibilidad.

Es interesante toda la locura de la burguesía por los tulipanes, así como el comercio transatlántico. ¿Conocíais este mundo antes de embarcaros en la obra? ¿Cuáles son las curiosidades que más os han llamado la atención?
Toni Galmés: Catalina conocía el contexto gracias a que empezó a investigar sobre el personaje, sobre la trama y, a partir de aquí, vio todo el mundo de la compañía de las Indias Orientales, toda la fiebre de los tulipanes, etcétera. En mi caso, cuando Catalina me lo propuso, me sedujo enseguida, porque yo daba clases en ese momento de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona, y daba precisamente arte barroco, arte de esa época. Y me fascina el barroco. Sí que es verdad que yo explicaba más el barroco en España y que me hubiese gustado introducirlo más, pero la verdad es que la historia transcurre en Holanda, en Ámsterdam, y el contexto era muy particular de Ámsterdam. Por lo tanto, no había lugar para más que para mencionar una pequeña pincelada de la relación que había, la relación política que existía entonces entre España y Holanda. Pero sí que mínimamente conocía, tenía las nociones del arte, de la pintura de esa época, así que ya estaba totalmente seducido por el tema.

CGV: Un tema que se queda fuera y que aparece de una manera muy bonita con las ilustraciones de Toni, pero que te quedas igual con ganas. Hubiese sido bonito también desarrollarlo más, pero bueno, la historia no lo pedía exactamente. Es todo el mundo de Asia, todo lo que es en aquel momento el Imperio Holandés; profundizar más en ese mundo que es muy interesante también y de todo el comercio que se hacía. Se habla mucho del comercio, de lo que traen, de lo que llevan. Se ve en las casas lujosas también los objetos que han llegado desde allí, la porcelana china, todo el lujo este alrededor del comercio con Asia, es un aspecto superinteresante de la época que daría para toda una aventura quizás allí, ¿verdad?

TG: Total

Después está el tema del catálogo de tulipanes, ¿pudisteis utilizar o consultar catálogos originales para documentación? ¿Sabéis si siguen existiendo a día de hoy como tradición, o en su defecto con fotografías?
CGV: Sí, hay un archivo en Holanda muy importante sobre todo este tema y lo conservan. Al parecer, hay muy pocos cuadernos de estos que se hayan podido conservar porque se utilizaban para las transacciones. Las ilustraciones de los tulipanes se hacían para mostrar cómo era el tulipán que estabas vendiendo cuando vendías el bulbo, porque lo que se comerciaba era con el bulbo.

Entonces, eran bastante cuidadosos porque era como un contrato de lo que te ibas a encontrar; de todas formas, como iban y venían, todo esto se ha perdido mucho, pero sí que se conservan algunos y muy bien cuidados. Están escaneados y se pueden consultar en internet. Es muy interesante porque tenías la información teórica, pero luego podías mirar las páginas, no solo con la ilustración, sino los apuntes de por cuánto se había vendido y cuántas veces se había cambiado de manos, si le habían puesto un nombre al tulipán, porque al ser como objetos de lujo, todo lo que envuelve el marketing, ese el virrey de tal, como nombres así que diesen más prestancia a lo que estabas vendiendo.

Portada de «El color de los tulipanes»

Es bonito que se haya conservado y que se haya cuidado, muy interesante. Ya no se hace. Ahora entiendo que todo esto se hace con fotografía y solo algún romántico hará ilustración botánica. De todas maneras, los tulipanes que se vendían en aquella época, que son tan valiosos, eran un tipo de tulipanes que hoy ya no se pueden encontrar porque eran tulipanes que, en aquel momento no lo sabían, estaban infectados por un virus que hacía que mutaran los pétalos. Entonces, hacía que saliesen manchados con vetas blancas o con alguna mezcla de color, lo que los hacía muy únicos.

También, unos que se llamaban como de pavo real, que eran con los pétalos irregulares. Pero se dejaron de cultivar ya porque el virus fue contagiando a otras plantas, se prohibieron y ya no existen, que también es como muy poético, algo muy bonito también que ya no existe, no existen de manera natural; hoy se hacen como experimentos y cosas así para conseguir flores más espectaculares, pero no son los originales.

¿Cómo es vuestro proceso de trabajo? Catalina, ¿completas un guion completo o se construye según Toni va completando sus páginas? ¿Es algo hermético o permite cierta flexibilidad?
TG: Ella es muy disciplinada. Cuando ya me iba a poner a dibujar, Catalina ya tenía el guion terminado, pero eso no quiere decir que esté totalmente cerrado. Es decir, es muy abierta y muy flexible a la hora de ir trabajando. Lo que hacemos es que, durante una temporada, intentamos estar en contacto permanente. Cada día nos llamamos 20 veces. Voy haciendo las páginas del storyboard; las hago en digital porque así vemos si el ritmo funciona, si hay que pasar una página adelante o atrás o si hay algún texto que queda largo, y lo cortamos en diversas partes.

Catalina no se opone, o si ella propone que aquí hay un plano general, tal vez yo le digo: «Pues mira, yo lo veo en dos planos cortos y después uno grande», siempre está muy abierta a que el guion vaya creciendo a medida que vamos haciendo el story. Una vez tenemos todo el story terminado, empieza mi fase, porque aquí ya Catalina poco puede hacer, le voy enseñando cada día las cosas que hago, casi cada día, pero es una fase muy personal, que es el arte final.

Para el arte final utilizo acuarela, utilizo técnicas tradicionales, lo hago en papel y después lo escaneo. En definitiva, es un trabajo laborioso. Todos los cómics son laboriosos, evidentemente, pero en el caso del digital siempre tienes el recurso del control Z y en el trabajo original recortas la viñeta y la vuelves a hacer en otro papel. Ahí haces lo que puedes porque es un trabajo bastante artesanal. En definitiva, este es el sistema que utilizamos.

CGV: Sí, pero se enriquece mucho en ese proceso del storyboard; es muy importante ahí porque cada uno pone de lo suyo y ese diálogo y la historia crece, y se pone a prueba también, y se mejora. Es algo que no es para nada una concesión que se hace, sino parte del proceso y una parte importante de crecimiento para el libro. Trabajamos muy a gusto; además, nos entendemos bien y sabemos bien a qué se refiere el otro. La comunicación es muy fluida y eso facilita mucho. Cuando, por lo que sea, no te entiendes, es como todo supercomplicado y esto sí que convierte en un problema cada cambio, pero aquí podemos estar de acuerdo o no, pero entendemos la forma de pensar del otro y qué es lo que está buscando. Y sí que hay una voluntad muy clara de que, más allá del trabajo de cada uno, el libro esté por delante. O sea, el objetivo es muy claro: que el libro sea el mejor libro posible y la historia esté contada de la mejor manera posible.

Al trabajar en acuarela, ¿cómo son tus materiales de trabajo? También encuentro que es una obra muy luminosa, con mucho colorido, pero que no escapa a los momentos tristes y oscuros. ¿Qué importancia tiene para vosotros el color como recurso emocional en la obra? ¿Cómo fue el trabajo de la búsqueda de la paleta de colores?
TG: La verdad es que cuando yo trabajo en tradicional, uso un papel de calidad, un papel Arches 100% algodón de 300 g. Son papeles nobles, son papeles de alta calidad. Y después sí que es verdad que las acuarelas que yo uso son muy reducidas.

Toni Galmés, autor de «El color de los tulipanes» nos muestra sus pinturas de acuarela

Esta es la paleta que estoy usando en estos momentos, compuesta por 12 colores, sí que es verdad que para los tulipanes no usé todos estos colores. Está el azul cobalto y el azul ultramar. Está el Siena. Aquí falta el Siena tostado, faltaría el Siena natural y el tierra sombra porque, al querer imitar un poco la atmósfera del arte de aquella época, necesitaba los colores tierra tan típicos del barroco. Aquí ya los he eliminado porque ahora estoy con otra cosa mucho más colorista, pero sigo utilizando el rojo cadmio, el rosa.

En definitiva, es una paleta muy, muy reducida, porque de nada te sirve cuando estás trabajando tener una paleta de 120 colores si al final siempre acabas utilizando los mismos, cuanto más colores tienes, más te agobias, no sabes cuáles utilizar. Y en la documentación también me pasa un poco lo mismo. Quería documentarme al máximo porque existen muchos cuadros, muchas referencias, mucho arte de aquella época, el vestuario, que si los barcos, que si tal, que si cual, pero al final no puedes incluirlo todo porque tú no puedes dedicar a cada viñeta el mismo trabajo que dedicarías a una ilustración entera de gran formato, aparte de que hay viñetas verdaderamente pequeñas. Con lo que hay una estilización.

De la misma manera que he simplificado mi paleta de acuarelas, también he simplificado la documentación que he utilizado, y he utilizado, por ejemplo, los códigos de color de los pintores de esa época, colores tierra, colores ocre, que los azules salgan muy puntualmente porque el azul lapislázuli de esa época era un color carísimo. Entonces los pintores lo utilizaban muy poquito, pero hay rojos exuberantes y los códigos, como por ejemplo cuando una luz viene de la izquierda que hay una ventana, pues ya hace referencia a un cuadro de Vermeer. Sin necesidad de hacer el cuadro de Vermeer, de copiarlo. Hay una interpretación del arte de esa época.

¿Y sobre la parte emocional del mismo?
TG: Para mí, el libro tiene que tener un ritmo. Tiene que ser una montaña rusa en el sentido de que vayamos transitando por todas las emociones de los personajes, desde Jetta, de las pérdidas que tiene, los descubrimientos que hace, los pesares, las victorias, las pequeñas victorias y así con los personajes principales que son esencialmente Jetta y Vandor. Jetta y Vandor son los que nos dan la línea emocional. Y como la línea emocional está muy bien trabajada, a nivel rítmico para mostrar una de cal y una de arena, a nivel cromático también, colores, escenas mucho más luminosas representan un poco la alegría, momentos familiares, momentos de una cierta felicidad de Jetta o momentos más grises para representar esta Ámsterdam sucia, más atmosférica en la que Jetta se siente perdida. Es una cuestión tan sencilla, pero al mismo tiempo tan complicada, como es valorar si quiero que una escena tenga un matiz frío o un matiz cálido. Es que, en definitiva, es poner más colores cálidos o poner más colores fríos; no tiene mucho más secreto, pero ahí está la dificultad, la gran dificultad del trabajo a color, del trabajo en acuarela.

Se trata de vuestra segunda obra juntos, después de «Molly Wind. Bibliotecarias a caballo» por el que recibisteis, entre otros, el premio Mejor Cómic Infantil y Juvenil del Cómic Barcelona en 2024 ¿Cómo recibisteis la noticia? ¿Repercutió de alguna manera en vuestro futuro profesional?
CGV: Fue una alegría enorme recibir el premio del salón del cómic a la mejor obra infantil y juvenil. Fue una sorpresa y una alegría supergrande y, bueno, pues eso siempre te da energía, impulso y fuerzas para nuevos proyectos. Igual no hubo una causa-efecto directo supervisible, pero sí que es una carta de presentación, que miran tu currículum, ven este premio y tal.

Todo ayuda y es importante. Creo que los dos ya teníamos en marcha nuevos proyectos y cosas, entonces no te produce tanto vértigo; estás ya ahí trabajando. Al final, estás inmerso en tu trabajo y confiando en que las cosas vayan saliendo. Yo no he notado presión porque somos unos entusiastas, entonces a veces pasa ahí intentando con el trabajo. La presión es por el propio libro, por el propio proyecto que quieres que salga muy bien, que estás ahí echándole mucho tiempo y muchas ganas y quieres que todo cuadre, que sea muy bonito, que funcione, no tanto como que nos vayan a juzgar de «le salió un primer cómic y el segundo ya no».

TG: Para mí fue como una palmadita en la espalda de «muy bien, chaval, lo estás haciendo bien, sigue por este camino». Era un poco esto porque, al final, vivir del arte en este país es muy complicado, vivir de la ilustración es muy complicado. Nosotros, afortunadamente, tenemos contratos en Francia, cosa que lo hace un pelín… que ayuda un poco, pero al mismo tiempo siempre es un trabajo delicado y de picar mucha piedra. Entonces, que nuestra primera obra tenga un reconocimiento como el del premio del salón del cómic, pues la verdad es que es un honor, pero al mismo tiempo no nos lo tomamos muy, muy… simplemente un «estáis por el buen camino, que no cunda el pánico, continuad, continuad y a disfrutar de lo que estáis haciendo», que es lo que hacemos básicamente.

CGV: Sí. Y que haya gustado tanto y también un premio que han dado los propios lectores, es muy gratificante. La verdad es que es genial ver a los chavales que están ahí releyendo la novela, las niñas disfrazándose de Molly, pidiéndote que haya un segundo volumen. «¿Qué tal?» «Sí», ha sido un libro que se nota que los lectores se han encariñado mucho, y nosotros también. Así que todo eso te da energía y también sentido a lo que estás haciendo, más allá de tu propia pasión.

Entre el de Molly Wind y «El color de los tulipanes» tan solo han pasado tres años, ¿volveremos a leer algo conjunto muy pronto? ¿en 2029?
TG: [Risas] Esperemos que antes.

CGV: De momento, en equipo aún no tenemos un nuevo proyecto conjunto, pero cada uno en su línea sí. Ahora en septiembre, a finales de mes, sale un cómic sobre la generación del 27, que será el aniversario este año, sobre los años en la residencia de estudiantes y cómo el clima que se creó ahí era muy creativo.

También estoy trabajando con Xavier Bonet en una serie que saldrá primero en Francia y en otoño saldrá el primer volumen aquí: de fantasía, magia, dragones, aventura, que también me hace mucha ilusión; lo estamos disfrutando y va a quedar muy bonito.

TG: Por mi parte, estoy trabajando junto a Marion Achard, que fue la autora de «Cuando cae la noche», un díptico también publicado por Astronave, con una historia personal suya. Supongo que va a salir dentro del 27 en Francia.