He vuelto

He vuelto

escrito por Jacint Casademont
(Café (y) solo, 14/Dic/11)


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Antes de nada, quería agradecer las muestras de apoyo recibidas después de mi ruptura con la Barcelonauta. Ahora os agradecería una dirección dónde poder devolvéroslas, ya que hemos vuelto. Lo siento mucho por todas las mujeres que tenían la esperanza de poder aprovecharse de la situación para atacarme vil y sexualmente. Si quieren les puedo facilitar una web dónde colgué vídeos protagonizados por mi, en situaciones comprometidas, para alimentar sus fantasías, ya que no pasarán de aquí.

Por otra parte, con quien realmente he roto mi relación es con mi anterior trabajo. Ahora mismo estoy en el paro. Me sienta bien, me gusta ser uno más del populacho: pasarme el día en el bar, enviar currículums, levantarme cuando se acuesta el Sol… aprovecho la ocasión para venderme a todas las productoras audiovisuales que busquen guionista: soy su hombre, sé teclear, asiento con facilidad y me ducho regularmente.

Ya llevo dos parágrafos y aún no he entrado en faena… así va el país.

El otro día estuve discutiendo con mi pareja, tranquilos, hubo final feliz, y que cada cual lo interprete a su manera…, sobre las películas de terror. Mi querida Barcelonauta me comentó que los film con virus devastadores, zombies hambrientos de carne fresca y demás sandeces le ponen de los nervios. Hasta aquí todo correcto, lo que me sorprende es que prefiere los films que retratan desgracias y miserias de seres corrientes, ese cine social y comprometido donde los lloros componen su score.

Yo entiendo el cine como entretenimiento. Quiero ver por la pantalla cosas que no me encontraré al lado de la esquina: naves extraterrestres, monstruos gigantes arrasando ciudades o enfermeras cachondas que en lugar de inyectar succionan. Para mi las desgracias ya forman parte de mi rutina, y si quieren plasmarlas en vídeo que sea en un documental, que al menos puedo llegar a empatizar.

Supongo que los gustos cinematográficos nos definen, al menos en nuestro caso. Para la Barcelonauta un día perfecto sería el siguiente:

-Levantarse y recibir una carta del niño africano al que apadrina, donde le explica su rutina escolar y le adjunta un dibujo de ella, sin respectar las proporciones ni colores ni nada.

-Ir a trabajar en un barrio marginal donde uno de los alumnos, que proviene de una familia desestructurada, descubre el amor por la música y se convierte en cantautor comprometido y de éxito.

-Hacer un break para ayudar en un comedor social donde viejos, vagabundos y yonkis le ofrecen sus sonrisas desdentadas.

-Participar en una manifestación en contra del maltrato animal, de género y orcos.

-Llegar a casa, besarme, explicarme sus pequeños triunfos y acostarnos a cámara lenta, rodeados de velas e incienso.

Por mi parte, mi jornada ideal se parecería a lo siguiente:

-Levantarme tarde y desayunar en el bar de la esquina mientras ojeo el periódico. Leer entre líneas, descubrir una conspiración de ámbito internacional y con una simple llamada al FBI salvar al mundo tal y como lo conocemos.

-Ir a la FNAC y encontrarme con un ataque zombie. Junto a un cliente negro, que muere al poco de contarme que está a punto de casarse y tener un hijo, y una rubia de camiseta destripada que tapa lo justo para no merecer censura, acabamos con los no-muertos. Los responsables de la tienda acaban ofreciéndome un vale valorado en un millón de euros para gastarme allí. La rubia me invita a tomar una copa en su casa, renuncio y le enseño el tatuaje que tengo de la Barcelonauta en mi nalga izquierda. Lo entiende y me da un casto beso.

-Voy a comer al Foster’s Hollywood con Tarantino, los Venga Monjas, Vigalondo, Lindsay Lohan, Elmore Leonard, Woody Allen y un mono que sabe pelar plátanos con los pies. Nos reímos lo nuestro.

-Por la tarde presento mi última novela de la cual ya han comprado los derechos en el extranjero, preparan una adaptación en Hollywood y ya es considerada la mejor novela de la historia, tal como afirman Pérez-Reverte, Palahniuk y Charlie Sheen.

-Llegar a casa, besar a mi Barcelonauta, explicarle mis pequeños triunfos y acostarnos a cámara rápida, intentando no quemarme con las velas y no ahogarme con el maldito incienso.

Si una cosa nos gusta a todos, lector, es un final feliz. Que se lo digan a los sitios de masajes chinos si no.

– editado por Ruth XK –

© Ilustración: Sergio Bareas

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