Lockhart (Dane DeHaan) es un ambicioso joven ejecutivo que es enviado a un balneario situado en los Alpes suizos. Su misión es traer de vuelta al director general de la empresa en que trabaja, so pena de que Lockhart sea entregado a las autoridades y pague las culpas de diversos crímenes bancarios. Con esa amenaza sobre su cabeza, Lockhart no tarda en salir a cumplir su misión sin saber que en ese balneario se sumergirá en una pesadilla peor que cualquiera creada en Wall Street.
Tras el descalabro crítico y de taquilla que supuso El llanero solitario (The Lone Ranger, Gore Verbinski, 2013), Verbinski regresa a las pantallas con La cura del bienestar (A Cure for Wellness, 2016). Esta película representa también su regreso al cine de terror, en el que este director triunfó en taquilla con The Ring (La señal) (The Ring, 2002), versión americana del clásico japonés. La mención a El llanero solitario no es gratuita: La cura del bienestar fue escrita por Justin Haythe, que fue uno de los guionistas de la misma y se nota. Se nota en que es un film excesivamente largo, con mal colocados y confusos flashbacks y con una simple y familiar historia contada de la manera más enrevesada posible.
Puede que esta acabe siendo una crítica bastante esquizofrénica y poco profesional, ya que aunque soy el primero en reconocer sus muchos fallos, al mismo tiempo la disfruté enormemente de principio a fin.
El principal problema del film es su torpe guion, que acaba haciendo que una película cuya historia podría ser fácilmente contada en 100 o 120 minutos, necesite 146 para llegar a su obvia conclusión. Su argumento es básicamente el mismo que hemos visto en otras películas de terror gótico con su dosis de personaje-llega-a-lugar-que-esconde-terrible-secreto-y-no-le-dejan-irse. Además, es bastante fácil adivinar los giros “sorprendentes” y resolver el misterio que nos plantea, lo que no impide que busque la manera más retorcida de llegar a su conclusión. Básicamente, el guion se cree mucho más listo de lo que en realidad es. Y también crea situaciones en las que los personajes actúan de manera realmente estúpida. Por ejemplo, en una de las diversas ocasiones en que Lockhart escapa del balneario, llega a un teléfono y cuando se pone en contacto con su compañía no les pide ayuda ni les pide que envíen gente a buscarlo.
Pero las muchas carencias del guion se compensan con el impresionante estilo visual que Verbinski utiliza para contar la historia. Cada encuadre del film se podría colgar en una pared. A pesar del uso de innecesaria CGI en ocasiones, La cura del bienestar está llena de imágenes inquietantes y perturbadoras, creando una impresionante atmósfera de terror gótico mezclado con body horror.
Es un perfecto ejemplo de estilo sobre sustancia. La manera de contar es mucho más importante que lo que cuenta. Es algo que recuerda a películas como la obra maestra Suspiria (Dario Argento, 1977) o la reciente The Neon Demon (Nicolas Winding Refn, 2016).
Tampoco podemos olvidar la labor de los actores, que en varias ocasiones hacen creíble el poco creíble guion. Dane DeHaan consigue que si bien su personaje empieza siendo antipático, se le hace sufrir tanto que es inevitable que acabe despertando la empatía del espectador. Jason Isaacs interpreta de manera excelente al doctor Volmer (prácticamente el mismo personaje que interpreta en la serie The OA [2016]). Mia Goth es la tercera protagonista y la que, además de tener el nombre perfecto para participar en una película de terror gótico, es la que experimenta el arco dramático más interesante.
La verdad es que no sé si recomendar esta película o no. El guion es muy típico, pero visualmente es una gozada. Creo que si podéis dejar de lado las inconsistencias del guion, deberías disfrutar del festín visual que ofrece La cura del bienestar en el cine.
Estreno en las salas españolas el 24 de marzo