Con el acertado subtitulo de «Diario de supervivencia millennial para el cáncer de mama», esta obra nos presenta en un tono distendido la experiencia de Jess, la guionista del cómic, que junto al dibujante David Güell y bajo el divertido título «A los pechos me remito» (publicado por Norma Editorial) nos explica desde que notó un bulto en el pecho al diagnóstico, su modo de afrontar la situación y las secuelas del tratamiento. Un testimonio repleto de referencias a la cultura Pop, juegos de palabras y un sinfín de detalles ocultos entre las viñetas, quitándole hierro al asunto a la vez que hacernos empatizar sin darnos cuenta con la situación.

Narrado en primera persona, el cómic funciona como el diálogo de una amiga que te está contando por todo lo que ha tenido que pasar, desde sus miedos a sus alegrías, desde la reivindicación de los profesionales que la ayudaron a la paciencia de sus familiares y amistades; puesto que la batería social cambia drásticamente tras superar el cáncer. Empiezas leyendo sin saber quién es Jess y por su forma de contar las cosas sin florituras, de forma cercana y directa, acaba siendo parte del grupo.
El libro abre con un prólogo de la comediante Lalachus en el que define muy bien la obra, «Es un cómic sobre seguir siendo una misma cuando una enfermedad amenaza con ocuparlo todo», en el que también habla de las mencionadas referencias a la cultura Pop, Operación Triunfo en la edición de Amaia, RuPaul’s Drag Race o los memes de WhatsApp.
Sin olvidarnos que Jess y David vivieron su infancia en los 80-90, así que por las páginas de «A los pechos me remito» encontramos guiños que van desde Los Cazafantasmas, Las Tortugas ninja y Gremlins, a Loco Mía o Super Mario. Otro detalle que disfrutarán quienes vivimos esa evolución tecnológica es ver el Windows 95 con su navegador Netscape y el WinAmp reproduciendo música, pero para los de hoy, no se perderán con esos memes de perros o los matches de Tinder.

Prácticamente en su primer trabajo de larga duración, David Güell realiza un tour de force donde demuestra valentía y conocimiento del medio, con una protagonista omnisciente guiándonos por todo el álbum, esta se transforma cual Mortadelo, para adaptarse, también a la narrativa de cada una de sus páginas en las que no hay una igual a otra. El trabajo gráfico, sumado a un color vivo pero intensidades suaves, aporta la luz y energía que necesita las palabras de Jess y hacer de esta obra apetecible desde el primer instante.
Al igual que la muy recomendable «Tengo cáncer terminal, pero estoy bien» de la mangaka Hilnama que padeció cáncer de colon, en «A los pechos me remito» es una vía de expresión que va más allá de ser un ABC, puesto que cada persona es distinta, pero sí ayuda de forma amena a ponernos en su piel, a comprender lo que no se dice con palabras cuando se está viviendo, transmitido desde el reposo y la experiencia. Resulta didáctico sin darte cuenta, y eso es lo mejor para asimilar situaciones que pueden ser ajenas a nuestro día a día; o que no lo son, pero no nos atrevemos a preguntar.

Podemos decir que este no es un relato autobiográfico al uso, aunque contenga todos los componentes, la actitud de la protagonista (guionista) con una reivindicación constante por la normalidad y comprensión de su entorno, sumado a un derroche visual y colorido que nada hace pensar que la cultura popular pueda aportar tanto en momentos como este.
La publicación se complementa con unos textos muy interesantes que ponen los puntos sobre la íes; desde la desmitificación del color rosa y el blanqueo de algunas marcas por la causa, a consejos para pacientes como acompañantes, y un epílogo de la propia Jess hablando de la gestión de esta obra.
A continuación fotografías de la exitosa primera presentación del cómic «A los pechos me remito» en la librería Norma Cómics en Barcelona la tarde del miércoles 21 de octubre de 2026, en el que los autores estuvieron acompañados de la periodista Clara de Cominges, y en la que participó de forma puntual también Ángela Unzu, hermana del alma de Jess.


A los pechos me remito
Diario de supervivencia millennial para el cáncer de mama. El resultado de una punción en la teta derecha pilló a Jess en Budapest y totalmente desprevenida: “Lo sentimos mucho. El lunes tienes cita con un oncólogo”, le dijeron. A partir de ahí dio comienzo un proceso largo, incierto y doloroso que la puso contra las cuerdas emocional y físicamente. Un proceso del que salió adelante con paciencia, ayuda y mucho humor.
104 págs. Color. Cartoné. 17 x 24 cm.
978-84-679-8600-6
Norma Editorial
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