La historia de la central nuclear de Lemóniz es uno de los episodios más complejos y desconocidos de la historia reciente de España. A través del cómic «Lemóniz. ETA y el movimiento antinuclear» de los autores Florentino Flórez (guionista) y Guillermo Sanna (dibujante), publicado por Norma Editorial, se recupera este hecho que involucró a ETA y marcó para siempre el destino de sus ciudadanos.

Con un dibujo realista y un rigor histórico fantástico, la obra viene acompañada de un dossier que demuestra la exhaustiva documentación que han realizado los autores. De este modo se nos descubre esta historia basada en hechos reales que nos narra cómo se vivió in situ el conflicto violento principalmente en la década de los 70 durante la construcción de la central nuclear en Lemóniz.
Nos reunimos con sus autores para conocer el proceso de creación del cómic, los retos de abordar un acontecimiento tan delicado y la responsabilidad de convertir la memoria en viñetas.
¿Cómo surge vuestro interés en contar este episodio generalmente desconocido?
Florentino Flórez: El tema de ETA nos ha acompañado durante muchísimos años y llevaba tiempo buscando alguna excusa para contarlo. Y Lemóniz apareció; tenía un poco de todos los elementos necesarios: buenos personajes, pero además con el añadido del asunto nuclear; teníamos la cuestión de la lucha de los ecologistas y demás, por lo que me parecía que en la actualidad podía tener bastante sentido. Esa mezcla de buenas intenciones y violencia; pensé que podíamos construir una buena historia.
¿Cuál es el mensaje principal que esperáis transmitir con «Lemóniz»?
FF: Que lo que normalmente llamamos víctimas son héroes, verdaderos héroes de la transición, gente que se enfrentó al mal absoluto y a los que les debemos en buena medida que esto siga siendo una democracia.
¿No creéis que la lectura de esta obra pueda dar a entender que, sin violencia, no se consigue nada?
FF: Es cierto, es así. Es que yo creo que tenemos una idea muy negativa de la violencia, pero en realidad la violencia consigue objetivos. Otra cuestión es que esté de acuerdo con ese medio o no, pero es verdad que en política la violencia tiene un sentido y una buena parte de diferentes grupos políticos la han utilizado y normalmente les ha servido. Entonces puede que uno piense: «Pues quizás cabe una política en la que la violencia no esté presente, pero que funcione«. Claro que funciona.
En un momento dado, en la obra vemos cómo la policía actúa con violencia y casi con impunidad o no es duramente castigada por ello, recibiendo cárcel unos pocos meses.
FF: Claro. Pero ahí hay un juicio al menos, ¿no? Porque todavía hay un montón de víctimas de ETA cuyos asesinos no han sido juzgados. Entonces uno puede discutir que a ese policía se le benefició en general, pero al menos pasó por ese proceso penal. Creo que es lo menos que podemos pedir, que los asesinatos sin investigar se investiguen y que no salga nadie de la cárcel si no ha captado mínimamente.
Aunque claramente es una historia de personajes, es a través de ellos que conocemos toda la historia. Entiendo que la rigurosidad de la historia tenía que estar por delante; ¿cómo ha sido el proceso de documentación?
FF: Sí, esto tiene dos niveles: uno, el gráfico, que Guillermo ahora os explicará, y la parte, digamos, de documentación de datos y demás. Hay mucho material en internet; periódicos describían lo que iba pasando y luego hay un autor, que es López Romo, que tiene un libro definitivo sobre Lemóniz y que, además, cuando estábamos en las últimas etapas del proyecto, pues nos revisó más o menos el material, nos corrigió unos errores y en ese sentido nos sentimos bastante arropados.
Guillermo Sanna: Yo suelo funcionar primero con la documentación que me pasa el guionista en todos los trabajos que hago y luego, mientras voy trabajando, voy recogiendo documentación, sobre todo de internet, que tengo delante y, bueno, documentales, alguna película.
Las películas funcionan muy bien, pero pasa que en este caso no pude encontrar ninguna película con la que documentarme y, sobre todo, lo que eran fotografías de periódico. Iba pillando; si, por ejemplo, necesitaba un arma de aquella época, la buscaba al momento. Si necesitaba un uniforme, lo buscaba al momento y así se agiliza mucho más que si me dedico a cargar documentación, cargar documentación para que luego la mitad de la documentación no me sirva de nada.
Además, te has enfrentado a dibujar sucesos y personas reales…
GS: Bueno, además, no solo dibujando real, sino que pasan 30 años de historia, 30 años donde los personajes van cambiando y, claro, parten desde niños hasta que se hacen adultos, y lo complejo ha sido, por ejemplo, pues eso, que el lector no se pierda, que vea el niño este, el otro niño, no cambiando los peinados, no cambiando… un poco la forma de vestir; si uno lleva gafas, pues llevará las mismas gafas hasta el final del cómic y luego las alturas, las actitudes incluso. Un personaje que es un poco más fuertote, o es un poco más debilucho y tal.
¿Cuál ha sido el mayor desafío a la hora de llevar adelante la historia basada en hechos reales? (los personajes, los escenarios, …) ¿Conseguir un equilibrio entre la realidad y la narrativa?
GS: Para mí todas, como dibujante, desde el principio son un desafío. No hay una parte que diga que he necesitado más trabajo o menos; ha sido mucho trabajo por cada página porque hay mucha documentación, hay muchos personajes reales, que si vehículos, que si armas, que si tal, para mí todo igual de complejo.
FF: Sí, para mí era, por un lado, equilibrar el aspecto documental con lo que era el puro entretenimiento. Era prioritario que fuera entretenido, que fuera emocionante, que se leyera un poco como una aventura o un thriller, o algo con misterio. Entonces había que incluir determinados hechos reales, pero sin aburrir a las piedras. Para mí, esto es lo más importante.
Me encontré con una dificultad, no sé si inesperada, que era la relación entre los personajes reales y los personajes inventados. Con los inventados, lógicamente, me sentía mucho más libre de hablar como yo quería y con los reales, pues íbamos un poco con pies de plomo; no queríamos que nadie se sintiera ofendido, queríamos ofrecer una buena imagen de las víctimas, de mucha dignidad y que se leyera como lo que es, un sentido homenaje.
Durante la creación del cómic, ¿tuvisteis algún tipo de encuentro con los implicados reales de la historia?
FF: Se están produciendo ahora muchos contactos. En la presentación de Palma, nos vino una víctima que además había conocido a la familia de Ryan. El otro día, hablando con un periodista de Navarra, me contaba que había trabajado con uno de los hijos de los obreros fallecidos en Lemóniz y suponemos que se producirán más contactos. Esperamos y esperemos que les guste.
¿Cómo de importante creéis que un testimonio así llegue al público, tanto adulto como juvenil?
FF: Pues para mí hay un aspecto que es el tema de la dedicación de la transición. Ahora se está hablando mucho de la transición como esa etapa fallida, difusa, entre la democracia y la dictadura, es como una tierra de nadie, gris y tal.
Yo creo que es al contrario, es el momento del sueño, es decir, salimos de una dictadura y nos soñamos mejores, vamos a ser más libres, vamos a progresar. Entonces, toda esa esperanza que además era también concordia. Es decir, lo vamos a hacer todos juntos. Tú puedes pensar una cosa, él puede pensar otra y no pasa nada. Y para mí es un momento absolutamente a reivindicar, y los únicos que estropean, digamos, esa transición sin violencia son los que introducen la violencia. Creo que eso, por un lado, es denunciable porque algunos de sus, digamos, seguidores, siguen formando parte de la arena política y, por el otro, creo que en el lado de la transición es completamente reivindicable.
Por último, Guillermo, vienes de dibujar superhéroes, criaturas de las páginas de H. P. Lovecraft y te plantas con esta historia tan cercana y real…
GS: Me encanta el terror y el cómic de humor, pero bueno, lo propuso, me pareció bien, llevábamos muchos años trabajando juntos. Al final consiguió la editorial, que era lo único que le pedía. Le dije: «Hombre, yo no voy a hacer más de tal cantidad de páginas si esto no lo tenemos vendido», que nos ha pasado con otros cómics. Entonces dijo: «Vale, vale». Y lo consiguió vender. Genial. Pues venga, a hacerlo.

