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Sangre en las rodillas

Sangre en las rodillas

escrito por Patricia Muñiz
(Literatura, 13/Ago/12)


Los poemas que Ana Elena Pena incluye en su librito Sangre en las rodillas son golosinas rebeldes. Caramelos adictivos, pero tan amargos como el dolor que viaja de la mano del amor. Pequeñas historias ácidas, dulces o saladas. Poemas de libertad. Versos ingenuos, jugosos, llenos de placer, emoción y una estimulante sobredosis de personalidad propia.

“No soy buena,
no soy buena.
Provoco retortijón,
vértigo, insomnio,
apatía, tristeza,
taquicardia, temblores,
dolor de cabeza”.

Sí que es buena. Ana Elena Pena, pertenece a ese grupo de personas que se sale del rebaño. Una luminosa oveja negra que por no ser gris, ni dócil, por ser una valiente que nos cuenta en voz alta qué Norte marca su brújula, revuelve conciencias y bajos fondos. Pero sobre todo, desata pasiones.

“Hoy me balanceo en el trapecio, sin red, con los ojos vendados, una mano atada a la espalda, un candado de acero y una gruesa cadena rodeando mis bragas”.

Los lectores de Sangre en las rodillas pueden verse invadidos por una energía juguetona, de espíritu infantil, que sortea a trompicones los obstáculos de la vida adulta. Son versos que soplan sobre las heridas provocadas por las grises lenguas viperinas.

“Seguir jugando, y seguir lastimándose en el patio de recreo que es la vida.
Alcohol y mercromina.
Sol, amigos, cerveza fresca, sexo furtivo. Tiritas.
Big girls don’t cry.”

Sus poemas están vivos. Escritos con honestidad y emoción. Trágicos y graciosos, son transparentes y claros, pues hablan un lenguaje universal. Cada poema es como degustar un dulce. Tienen aroma, color y sabor. Son oscuros como la regaliz, ácidos como el sidral y suaves como las nubes de azúcar. Disfrazados de fantasía nos hablan de realidad. Y, por si fuera poco, nos aseguran que no hay herida que no pueda curarse con un besito y una tirita.

“Tocar sin tocar.
Besar sin besar.
Hace tanto tiempo que ando desconectada de mi cuerpo
Que doy por hecho que estoy viva sólo porque está
Caliente.
(37º)
Pasen, vean, toquen…”

El alto grado de erotismo hará subir la temperatura del lector más cauto y despertará los celos de cualquier amante inseguro. Es un poemario donde encontraremos amigas de la infancia separadas por convenciones sociales, novias celosas, amantes ilusos, funambulistas y globos que se escapan dejando a los niños llorando desconsolados. A todos ellos, felices o desgraciados, locos o cuerdos, va dedicado este poemario que comienza con una declaración de intenciones de la mano de esa gran poeta que miraba al mundo con ojos de niño, Gloria Fuertes.

“Para escribir me escondo,
como una mujer primitiva se escondía para parir.
Como un animal herido se esconde
para lamerse a gusto la sangre,
así nadie sabe de mí
cuando me pierdo para escribiros esto”.

Ojalá Ana Elena siga perdiéndose muchas veces para escribir libros tan bonitos como éste. Que siga regalándonos el alma en cada canción que compone, en cada cuadro que pinta, en cada libro que escribe. Que siga siendo la heroína que vence a los eternos enemigos de los espíritus libres. Que siga llenando las estanterías de su hermosa esperanza rebelde.

Sangre en las rodillas, es una autoedición. Rústica. 56 páginas. Tamaño 11×15 cm. Entrar aquí para saber como adquirirlo.

© Imagen: Ana Elena Pena
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Un comentario en “Sangre en las rodillas”

  1. Avatar
    Anónim
    21 septiembre, 2012 / 3:42 pm

    Tan generosas críticas evocan cierta curiosidad