La noche de las sanguijuelas vivientes

La noche de las sanguijuelas vivientes

escrito por Alex Salgado
(Salgado unmasked, 5/Jul/17)


Hace un año se celebró un congreso erótico de pequeñas dimensiones en Barcelona, orientado para ese tipo de personas que llaman dildos a las pollas de goma. El típico evento donde en las charlas sueles encontrar más gente en la mesa de ponentes, que entre el público…

Para sorpresa de todo el mundo este 2017 se celebró una nueva edición, pero en esta ocasión trasladaban su sede hasta un museo. El Museo de Arte Moderno Europeo, cuyas siglas (MAME) se prestan para cientos de bromas, era el lugar elegido. Personalmente no tenía ningunas ganas de asistir, básicamente por mi política de no visitar lugares donde no estoy invitado. No me gusta nada eso de presentarme en los sitios por mi cara bonita, exigiendo trato de periodista VIP. Pero dos semanas antes de la celebración hice un par de tuits sarcásticos sobre una de las chicas que realizaría una ponencia sobre bloggers influyentes. Casualidades de la vida, ninguno de los ponentes tenía una carrera excesivamente exitosa en el periodismo digital. De ahí que aparecieran mis mensajes cuestionando su trayectoria como comunicadores influyentes.

Quiero dejar claro que publiqué esos mensajes para crear un poco de caos digital y para nada pretendía llamar la atención de los organizadores. Pero todos sabemos que la tostada cae siempre por el lado de la mantequilla y tras esas publicaciones fui invitado para que me sumara a la mesa de ponentes.
¡Obviamente era un dardo envenenado! Tras ponerlos verdes no podía rechazar su invitación para iluminar con mi presencia aquel oscuro museo.

Pero no quería hablar de la charla, el congreso o sus organizadores. Al contrario, la experiencia fue extremadamente divertida y debo admitir que fue un rato bastante divertido. Fue horas más tarde (aquí está el tema) cuando recibí solicitudes de amistad de la mayoría de los ponentes y parte de los asistentes. Puede sonar sarcástico, pero servidor puede detectar ciertas presencias malignas desde kilómetros de distancia. Por eso me alarmó cuando una de las chicas del público (que llegó tarde y armando follón) al terminar la charla resultaba ser amiga de todo el mundo.

Mirad, hay un truco para detectar cuando alguien busca sacar algo de tu persona. Es muy sencillo: Te hace una solicitud de amistad en redes sociales y segundos después de aceptarla ya tienes un mensaje de dicha garrapata. ¡Nunca traman nada bueno!

Efectivamente esta persona, que además usaba calificativos dignos de una top-model como nickname, tardó décimas de segundo en contactarme. Primero con falsa modestia por si me importunaba con su solicitud de amistad para más tarde explicarme con pelos y detalles lo inspiradora de nuestra charla y cómo estaba decidida a ser la nueva blogger de moda. Intenté ser evasivo pero educado, aunque se notaba en el ambiente que esta persona solo buscaba el secreto del éxito en 140 caracteres.

Después de veinticuatro horas sin recibir ningún mensaje por su parte pensé que había entendido que no estaba en disposición de explicar cómo ganar la lotería de navidad a la primera de cambio y menos con el primer desconocido que conozco en un museo. Pero… ¡No! En realidad, estaba preparando su próximo ataque. Efectivamente esta persona no quería se blogger, simplemente quiere ser famosa. Quiere salir en la tele, ser millonaria y que todo el mundo le diga lo guapa que es.

Me escribía de nuevo al día siguiente demostrando una falta de tacto descomunal. Primero por no aceptar la solicitud de like en las redes sociales de mi programa de radio y, efectivamente, ella quiere ser famosa, no tiene tiempo que perder mirando quienes son las personas que están al otro lado del monitor. Solo busca que la enchufen en la próxima producción de Hollywood, tus sentimientos se la traen floja. ¡Eres un objeto! Su nuevo mensaje decía claramente: Quiero ser actriz. Le dejé claro que no soy actor, ni tengo contactos en el mundo del cine. Para evitar disgustos le dije que mis únicas amistades son en el mundo del cine para adultos. Pero ella insistió, incluso diciéndome su edad. Al final tuve que ponerme serio y decirle que el cine para adultos es cine guarro, cerdo y depravado. Aquí la muchacha, que en ningún momento se repasó mi perfil de Facebook para conocerme, me recriminó que porno no quería hacer, que ella era partidaria del sexo delicado. A estas alturas del relato, servidor ya llevaba un cabreo como un piano de grande. Incluso le tiré en cara que llevaba dos días dejándole claro que mis contactos no eran los que ella buscaba. ¡Pero ella insistía sin cesar!

Solo quedaba una solución: Eliminarla de mi cuenta de Facebook, esa misma cuenta que nunca quiso leer y donde nunca se preocupó por informarse sobre mi persona. Pero no importa que esta señorita desaparezca de mi vida, en el próximo congreso aparecerá otra y así sucesivamente. Es una ley estúpida, pero que nunca falla, llenando nuestras vidas de personas que solo buscan aprovecharse de ti.

Ellos no quieren saber quién eres, solo intuyen que pueden usarte como trampolín y eso les basta. Sinceramente: ¡Morid sanguijuelas verbeneras sin sentimientos!

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