Café (y) solo

Desaparecidos en combate

Hace mucho, mucho tiempo, no muy lejos de aquí…

Desaparecidos en combate

Unos peludos y cavernosos JC Senior y Junior se adentraban en el bosque para afrontar una difícil aventura, cazar una bestia con la que alimentar al resto de la familia. No sé muy bien como fue todo aquello, pero sobrevivieron, ya que yo estoy aquí. Seguramente, al volver a la cueva, alardearon de su proeza, tildándola de la más grande que jamás nadie puede vivir.

Ahora, mucho tiempo después, y bastante menos peludos y un poco más aseados nos tenéis a mi father and me realizando una proeza aún mayor. No hablo de cazar una bestia parda con la cual llenar el buche, ni explorar tierras desconocidas para convertirlas en nuestro nuevo hogar y aún menos de sintonizar (again) la TDT. Me refiero a la máxima aventura que puede vivir cualquier persona del primer mundo, una hazaña digna de admiración y ser relatada en esta santa web: darse de baja en la compañía telefónica.

A simple vista parece fácil: llamar, hacer la petición y hecho, ventilado en unos pocos minutos. Pero no nos engañemos, nunca, never, es así. Y nosotros, somos unos profesionales y estamos preparados.

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Objetivo: compañía telefónica.
Misión: dar de baja el servicio de Internet móvil, el “pichilin ése”, tal como lo llama mi madre.
Pasos a seguir: llamar, disparar la información a discreción y dar por finalizada la misión.
Provisiones: botellines de cerveza, algo para picar, mucho tabaco, cenicero vacío y gigas de paciencia.

17:03 — Llamo. Me contesta un ser superior de voz, neutro, quizás sin sexo definido. Pregunta si la llamada está relacionada con el número desde el cuál llamo. Afirmativo. Nivel 1: superado.

17:04 — Vuelve la voz del ser superior. Desea que precise mis intenciones. Dispara múltiples opciones. Ninguna coincide con la mía. Respondo “otras cosas”. Nivel 2: superado.

17:06 — La voz desaparece obsequiando mi esfuerzo con una grabación de un concierto de los Beatles, con el gramófono escondido en el peludo sobaco de una groupie hippy de 1965 que está presente en el concierto del The Cavern. Nivel 3: en stand by.

17:10 — La incertidumbre se apodera de mi. Paso el teléfono a mi padre. Comenta que la cinta se ha rayado o bien el dj es un moderno de mierda, de esos que te dan ganas de felicitarle por la sesión con una buena hostia en toda la cara. Nivel 3: en stand by.

17:13 — Mi padre decide recurrir a la tecnología para hacerme participe de su sufrimiento. Adelante el manos libres. Nivel 3: en stand by.

17:16 — Mi padre y yo hemos creado una coreografía digna de noche de fiesta para la canción. Sudamos mucho. Pensamos en presentarnos en el casting de la nueva de “Step up”. Nivel 3: en stand by.

17:18 — Venga. Al lío, nos responde una dobladora del Disney de los 70’s que nos pregunta por nuestra intenciones. “Dar de baja la línea de Internet móvil”. Nos pide que sigamos atentos, allí quietos, que le pasa el marrón a su compañero. Nivel 3: superado.

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17:28 — Hemos hablado con muchas voces distinta o un esquizofrénico, no sabemos. Nivel 4: stand by.

17:29 — Por fin pillamos a uno, le soltamos toda la información a discreción (número de línea, DNI, nuestro plato preferido y de paso le damos la receta del pollo al chilindrón de mi abuela). El ser, harto de jugar con nosotros cual titiritero con sus muñecos dispara su arma secreta: para finalizar la misión, se necesita la participación del titular, o sea se, mi mother. Nivel 4: no superado.

17:32 — Nos despedimos del ser, entre sollozos, sabiéndonos una mota de polvo en el universo, y que contra seres superiores, nosotros, simples mortales, no tenemos nada que hacer. No vamos al bar a ahogar las penas. Mañana será otro día.

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© Ilustración: Sergio Bareas