Reserva natural en mi abdominal

Reserva natural en mi abdominal

escrito por Jacint Casademont
(Café (y) solo, 17/Jul/12)


Querido lector, lectora y/o buscador de Internet. He engordado.

Aunque conservo todo mi sex-appeal, es innegable que he acumulado unos quilos de más, y no precisamente en el banco. Ya llevo cerca de un año en el paro sin mover mi respingón culo de la silla, tecleando y tecleando. Tan sumergido en mis cositas he estado que al final mi cuerpo ha acumulado grasa suficiente para deslizar las pirámides de Egipto hasta el Polo Sur.

ilustración Café (y) solo 2

Siempre he sido conocido por ser cuatro palillos decentemente encajados. Por mucho que comía no llegaba a engordar más de cinco minutos, hasta que mi maquinaria procesadora estomacal lo convertía en compostaje con aroma a rosas. Ahora no, mi barriga se ha declarado en huelga, dejándome hinchado cuál embarazada de cuatro meses. Nada exagerado, pero me da miedo que el tema vaya a más y pierda de vista, en un plano picado lleno de tensión, mi querido tentáculo cíclope.

ilustración Café (y) solo 3

Hace cosa de una semana me propuse solucionarlo. Decidí saltarme algunas comidas para que echara mano el organismo a mi interior bruto. Pero claro, imbécil no es mi barriga, y jugó con mi mente de manera vil. Nada de cocinar, pero por suplirlo con unas pipas, helado, bolsa de patatas y aceitunas no importa, ¿verdad? Pues sí, maldito cerebro; eso sólo acumula más porquería en mi cintura. Maldita materia gris de pacotilla.

Vale, si al menor gruñido de mi vientre tengo que zampar sin miramientos quemaremos calorías… sudando. Sí, sudar, ese verbo que tengo tachado en mi diccionario con tipp-ex puede resultar ser mi solución.

Odio transpirar, mucho, casi tanto como hacer papeleo, cantar o hacer frente a Godzilla con una manopla de cocina con forma de un adorable conejito. Pero es lo que hay. Busqué ejercicios en YouTube para reducir panza y marcar unos buenos abdominales en los cuales mi novia pudiera rallar queso. Ya llevo dos días, y no veo la mejora. Me rindo, pues. Si yo me presento dos veces seguidas y ellos no, es que falta feeling.

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Ahora ya estoy buscando nuevas opciones, tales como:

Vestir anorak: he pensado aprovechar las horas de mayor calor (entre las doce y las seis de la tarde) para andar por casa con la chaqueta de invierno. Sudaré como un cerdo, apestaré como un cerdo y se me rizará la cola como a un cerdo. Pero acaban de subir el precio del agua, otra vez, y tampoco estoy para ir duchándome cada dos horas. Descartado.

Robar: correr es de cobardes, pero si sacas un beneficio económico empieza a ser honorable. Tengo diversas modalidades: robar bolsos a ancianas, hacer sinpas o …espera, ahora que lo pienso, ningún político está delgado. Descartado.

Operarme: Una tarde en el quirófano y seré un figurín. Claro, que con la desbandada de médicos autóctonos hacia otros países por culpa de la crisis, vete a saber quién me recorta las lorzas. Descartado.

Vale. Ahora lo entiendo. La culpa de estar gordo no es mía; es del momento tan duro que me ha tocado vivir. Mientras otros países del tercer mundo adelgazan sin esfuerzo, aquí tenemos una crisis capitalista, que no ayuda en absoluto. Soy una víctima, gorda, de las circunstancias.

Ahora que he descubierto que la culpa está ahí fuera, voy a celebrarlo con un buen helado con doble de chocolate y dulce de leche. ¡Salud y feliz verano de crisis!

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© Ilustración: Sergio Bareas

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